La profesionalización del intermediario de seguros y de fianzas es una obligación del sector y un derecho irrenunciable de la sociedad a quien tenemos el privilegio de servir.

Los intermediarios de Seguros y de Fianzas tienen en sus manos el patrimonio de familias y empresas bajo el adecuado resguardo de un consejo, de una guía; en tal sentido, es mandatorio que el intermediario se conduzca con profesionalismo, con convicción respaldada en conocimiento y con consejo soportado por una actitud adecuada, una moral que garantice el mejor camino para el resguardo, protección y crecimiento del patrimonio.

Uno de los eslabones que integran y garantizan la cadena de tal profesionalización, la constituye una adecuada valoración de las competencias técnicas, habilidades, actitudes y valores del intermediario.    Realizar una prueba que mida estos rasgos para cada módulo y versión de cédula, es una tarea que nos ha encargado el gremio y autorizado el regulador.   Llevar a buen fin esta enorme responsabilidad se ha conseguido gracias al trabajo comprometido de muchos profesionales y expertos en el tiempo.

 

 

Esta compleja y delicada responsabilidad, comienza con la definición del perfil profesional.    Se trata de describir con la mayor precisión posible, qué se espera que un intermediario de seguros o de fianzas, haga en el desempeño de su ejercicio profesional, cuáles son las competencias, habilidades y valores que se pretende sean las idóneas para que se conduzca y así describir su correcto quehacer.   En tal definición, por supuesto interviene en primera instancia un grupo de reconocidos expertos en cada una de las ramas del conocimiento que intervienen en el perfil en cuestión, para finalmente sujetar cada definición a la aprobación de un Comité Técnico absolutamente competente para opinar al respecto.

Una vez aprobado el perfil profesional, el segundo paso consiste en validar las especificaciones de la prueba y de la población; es decir, acordar lo que se necesita medir y a quiénes se les va a medir.  Por ejemplo, los temas principales que conforman cada unidad de conocimiento o módulos, el peso específico que en la prueba debe guardar cada tema, determinar en qué profundidad de conocimiento se debe medir, decidir si se trata solo de conocer algo, como por ejemplo qué ley norma y regula los contratos de seguro, o bien explicar por qué un determinado riesgo esté definitivamente excluido en una póliza o más aún, poder aplicar tal conocimiento a un caso específico planteado en la prueba.  Conocer quiénes serán los sustentantes, garantiza que los aspectos anteriores estén correctamente calibrados; es decir, el sustentante será un profesional que asesora a grandes empresas para riesgos de igual proporción, o bien será un intermediario que auxilie a las familias y pequeños empresarios para el adecuado resguardo y manejo de sus riesgos.

Establecer los estándares de competencias mínimas o críticas responde al tercer paso en la construcción de pruebas, se trata de reconocer dentro de un continuo, qué tanto debe saber el sustentante ya que en un extremo encontraríamos al experto de expertos y en el extremo contrario a aquel que ignora casi todo. Se trata de apuntar a la media de esta línea imaginaria; es decir, no queremos hacer una prueba para que solo sea aprobada por los mejores expertos, pero tampoco una que siendo sencilla de forma tal, pase cualquiera que la sustente.  El mercado mexicano cada día es más exigente y como se ha dicho, el quehacer profesional del intermediario es delicado al poner en sus manos el resguardo del patrimonio.   Al igual que todo el proceso, son un grupo de profesionales quienes proponen y un Comité Técnico quien aprueba estas competencias críticas para cada perfil.

Una vez conocido lo anterior, viene la parte más laboriosa, es decir, a la construcción misma de las pruebas; particularmente, la redacción de reactivos o preguntas de examen, donde cada una de las preguntas debe ser revisada por un experto en redacción, un experto técnico, un revisor holístico, por supuesto que en cada reactivo esté plenamente justificada la opción correcta, que provenga de una fuente fidedigna de conocimiento, que cada uno de sus distractores u opciones de respuesta incorrectas, pertenezcan al mismo campo semántico, que compitan entre ellas para forzar al sustentante a distinguir entre ellas y garantizar así  que sabe.    Finalmente, la denominada prueba de fuego:  El piloteo.    Nos referimos a que, para obtener validez estadística, cada reactivo ha de ser respondido por la población objetivo un mínimo de veces y medir que la proporción de aciertos corresponda a la tabla de medidas diseñada, que no resulte demasiado difícil tal que solo unos pocos logren responder bien o tan fácil que prácticamente todos la respondan correctamente pues no es lo que se busca como hemos aclarado.

Una vez completado el diseño y piloteo de las pruebas, toca la aplicación de los instrumentos en forma definitiva.   La consecuente medición y análisis de los resultados se contrastan con el diseño en sí mismo para validar que estamos efectivamente midiendo aquello que deseábamos medir y en la proporción adecuada.   Estos informes se sujetan a la detallada revisión y análisis del Comité Técnico y del regulador.

Tanto las áreas técnicas como el propio regulador consensan la pertinencia de la prueba respecto de los resultados obtenidos, establecen cuáles son las competencias reales respecto de las pretensiones y se generan estudios de la validez de contenidos predictivos y concurrentes; es decir, si los sustentantes efectivamente tienen el nivel que demandamos, cuáles son las brechas de diferencia y en qué áreas del conocimiento.    Lo anterior resulta especialmente valioso para la industria pues puede dirigir sus esfuerzos de capacitación y entrenamiento, en aquellas áreas con mayor oportunidad.

Una correcta y permanente retroalimentación de los hallazgos, conforman el último eslabón de esta compleja cadena en el diseño de pruebas profesionales dando una guía clara de dónde estamos respecto de dónde queremos estar y dónde debemos concentrar los esfuerzos para mejorar.

El intermediario debe en nuestra opinión, abrazar el hecho de ser calificado pues le brinda la oportunidad de conocer tanto qué sabe bien como aquellas áreas del conocimiento que ha de pulir para convertirse en una mejor versión profesional de sí mismo.